El 20 julio de 1932, a los pocos días de iniciarse el conflicto armado, la presidenta de la Cruz Roja Boliviana, Bethsabé Montes de Montes, puso la institución a disposición del Centro de Propaganda y Defensa Nacional. De esta manera, la Cruz Roja Boliviana comenzó a prepararse para asistir a los combatientes bolivianos con enfermeras, víveres, medicamentos, vituallas y la recolección de recursos económicos. En esta etapa recibió un gran apoyo de las mujeres bolivianas. La Cruz Roja Boliviana, en coordinación con la Sanidad Militar, implementó dependencias para recibir a los heridos del frente de batalla y expandió sus actividades para mejorar la atención en los hospitales. Asimismo, instaló oficinas para manejar recibir, enviar y distribuir la correspondencia entre los soldados y sus familiares. En las mismas, las voluntarias escribían por cuenta de familiares y amigos, las cartas a los combatientes.